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viernes, 6 de abril de 2012

LA GUERRA ES UNA FORMA DE PENSAR-("Una nueva tierra- Un despertar al propósito de tu vida" de Eckhart Tolle)


LA GUERRA ES UNA FORMA DE PENSAR
("Una nueva tierra-  Un despertar al propósito de tu vida" de  Eckhart Tolle)


EL EGO NO ES PERSONAL
A nivel colectivo, la idea de que "Tenemos la razón y los otros están equivocados" está arraigada profundamente en particular en aquellas zonas del mundo donde el conflicto entre las naciones, las razas, las tribus, las religiones o las ideologías viene desde tiempo atrás, es extremo y endémico. 
Las dos partes del conflicto están igualmente identificadas con su propio punto de vista, su propio "relato", es decir, identificadas con el pensamiento. 
Ambas son igualmente incapaces de ver que puede haber otro punto de vista, otra historia de igual validez. 
El autor israelita Y. Halevi, habla de la posibilidad de "acomodar una narrativa en competencia", pero en muchas partes del mundo la gente todavía no puede ni quiere hacerlo.
Ambas partes se creen poseedoras de la verdad.
 Las dos se consideran víctimas y ven en la "otra" la encarnación del mal. 
Y como han conceptualizado y deshumanizado a la otra parte al considerarla enemiga,
pueden matar e infligir toda clase de violencia recíproca, hasta en contra de los niños, 
sin sentir su humanidad y su sufrimiento. 
Quedan atrapadas en una espiral demente de acción y reacción, castigo y
retaliación.
Es obvio entonces que el ego, en su aspecto colectivo del "nosotros" contra "ellos" es todavía más demente que el "yo", el ego individual, si bien el mecanismo es el mismo. 
La mayor parte de la violencia que los seres humanos nos hemos infligido a nosotros mismos no ha sido producto de los delincuentes ni de los locos, sino de los ciudadanos normales y respetables que están al servicio del ego colectivo. 
Podemos llegar incluso a decir que, en este planeta, "normal" es sinónimo de demente. ¿Cuál es la raíz de esa locura? 
La identificación total con el pensamiento y la emoción, es decir, con el ego.
La codicia, el egoísmo, la explotación, la crueldad y la violencia continúan reinando en este planeta.

Cuando no los reconocemos como manifestaciones individuales y colectivas de una disfunción de base o de una enfermedad mental, caemos en el error de personalizarlos. Construimos una identidad conceptual para un individuo o un grupo y decimos: "Así es como es. Así es como son". 
Cuando confundimos el ego que percibimos en otros con su identidad, es porque nuestro propio ego utiliza esta percepción errada para fortalecerse considerando que tiene la razón y, por ende, es superior, y reaccionando con indignación, condenación o hasta ira contra el supuesto enemigo. 
Todo esto es una fuente de satisfacción enorme para el ego. 
Refuerza la sensación de separación entre nosotros y los demás, cuya "diferencia" se amplifica hasta tal punto que ya no es posible sentir la humanidad común ni la fuente común de la que emana la Vida que compartimos con todos los seres, nuestra divinidad común.
Los patrones egotistas de los demás contra los cuales reaccionamos con mayor intensidad y los cuales confundimos con su identidad, tienden a ser los mismos patrones nuestros pero que somos incapaces de detectar o develar en nosotros. 
En ese sentido, es mucho lo que podemos aprender de nuestros enemigos.
¿Qué es lo que hay en ellos que más nos molesta y nos enoja? ¿Su egoísmo? ¿Su codicia? ¿Su necesidad de tener el poder y el control? ¿Su deshonestidad, su propensión a la violencia, o cualquier otra cosa? 
Todo aquello que resentimos y rechazamos en otra persona está también en nosotros. Pero no es más que una forma de ego y, como tal, es completamente impersonal. No tiene nada que ver con la otra persona ni tampoco con lo que somos. Es solamente si lo confundimos con lo que somos que su observación puede amenazar nuestro sentido del Ser.

TENER LA RAZÓN, FABRICAR EL ERROR
Cuando nos quejamos, encontramos faltas en los demás y reaccionamos, el ego fortalece la noción de los linderos y la separación de la cual depende su existencia. 
Pero también se fortalece de otra manera al sentirse superior.
 Quizás no sea fácil reconocer que nos sentimos superiores cuando nos quejamos, por ejemplo, de una congestión de tráfico, de los políticos, de la "codicia de los ricos" o de "los desempleados perezosos", o de los colegas o del ex esposo o la ex esposa. 
La razón es la siguiente: 
Cuando nos quejamos,la noción implícita es que tenemos la razón mientras que la persona 
o la situación motivo de la queja de la reacción está en el error.
No hay nada que fortalezca más al ego que tener la razón. Tener la razón es identificarse con una posición mental, un punto de vista, una opinión, un juicio o una historia. Claro está que para tener la razón es necesario que alguien más esté en el error, de tal manera que al ego le encanta fabricar errores para tener razón. 
En otras palabras, necesitamos que otros estén equivocados a fin de sentir fortalecido nuestro ser.

Las quejas y la reactividad, para las cuales "esto no tendría por qué estar sucediendo", pueden.
Las quejas y la reactividad, para las cuales "esto no tendría por qué estar sucediendo", pueden dar lugar al error no solamente en otras personas sino también en las situaciones.
 Cuando tenemos la razón nos ubicamos en una posición imaginada de superioridad moral con respecto a la persona o la situación a la cual
juzgamos y a la cual encontramos en falta. 
Esa sensación de superioridad es la que el ego ansía y la que le sirve para engrandecerse.

LA GUERRA ES UNA FORMA DE PENSAR
En ciertos casos quizás sea necesario protegerse o proteger a alguien más contra el ataque de otro, pero es preciso tener cuidado de no asumir una especie de misión para "erradicar el mal", pues podría convertirse precisamente en aquello contra lo cual se desea luchar.
 La lucha contra la inconciencia puede llevar a la inconciencia misma
Jamás será posible vencer la inconciencia, el comportamiento egotista disfuncional,mediante el ataque. 
Aunque lográramos vencer a nuestro oponente, la inconciencia se habrá alojado en nosotros, o el oponente reaparecerá con otro disfraz. 
Todo aquello contra lo cual luchamos se fortalece y aquello contra lo cual nos resistimos persiste.
Por estos días oímos con frecuencia la expresión "guerra contra" esto o aquello, y cada vez que lo oigo, sé que se trata de una guerra condenada al fracaso. 
Hay una guerra contra las drogas, una guerra contra la delincuencia, una guerra contra el terrorismo, una guerra contra el cáncer, una guerra contra la pobreza, y así sucesivamente. Por ejemplo, a pesar de la guerra contra la delincuencia y las drogas, ha habido un aumento considerable de los delitos relacionados con las drogas y de la criminalidad en general en los últimos 25 años. 
La guerra contra las enfermedades nos ha dejado, entre otras
cosas, los antibióticos. 
En un principio tuvieron un éxito espectacular y, al parecer, habían llegado para ayudarnos a vencer en la guerra contra las enfermedades infecciosas. 
Ahora muchos expertos coinciden en que el uso generalizado e indiscriminado de los antibióticos ha creado una bomba de tiempo y que las cepas bacterianas resistentes, las "superbacterias",provocarán sin lugar a duda un resurgimiento de esas enfermedades, posiblemente epidémico. 
Según la Revista de la Asociación Médica Americana, el tratamiento médico es la tercera causa de muerte después de la enfermedad cardiovascular y el cáncer en los Estados Unidos. La homeopatía y la medicina china son dos ejemplos de posibles alternativas de tratamiento que no ven a las enfermedades como el enemigo y, por consiguiente, no crean nuevas enfermedades.
La guerra es una forma de pensar, y todos los actos derivados de esa mentalidad tienden, o bien a fortalecer al enemigo, la supuesta maldad o, en caso de ganar la guerra, a crear enemigos nuevos, males nuevos, generalmente iguales o peores al que fue derrotado.
 Hay una conexión profunda entre el estado de la conciencia y la realidad externa. 
Cuando caemos en las garras de una forma de pensar como la de la "guerra", nuestras percepciones se tornan extremadamente selectivas y distorsionadas.
 En otras palabras,vemos solamente lo que deseamos ver y lo interpretamos equivocadamente.
 Es fácil imaginar la clase de actos emanados de un sistema tan demente. 
Claro que en lugar de imaginar, basta con ver las noticias de la noche.
Debemos reconocer al ego por lo que es: una disfunción colectiva, la demencia de la mente humana. 
Cuando logramos reconocerlo por lo que es, ya no lo vemos como la identidad de la otra persona. 
Una vez que reconocemos al ego por lo que es, es mucho más fácil no reaccionar contra él.